Pedro Marrero | marero_pedro

Semana Santa, primavera, pandemia… me pueden las emociones. Me encantaría dedicarme a celebrar cada una de las demostraciones de potencial de las que hacen gala continuamente los deportistas tinerfeños, desde los profesionales hasta los amateurs. Lo hago y lo haría con más entusiasmo si la difícil situación sanitaria que nos apalea desde hace más de un año le diese las mismas oportunidades a todas las prácticas deportivas, a todas las profesiones y a todas y cada una de las personas.

Si hablamos de la noble profesión que da sentido a esta asociación, tampoco hay mucho que celebrar. Sabemos desde hace tiempo que la única solución es ir por libre. El futuro lleva tiempo siendo el presente. El duro presente que nos ha obligado a adaptarnos, que destrozó la profesión tal y como la conocíamos hace poco más de una década, la que nos reunía en un entorno seguro. Historia. Batallitas de veteranos.

El presente me preocupa, a quién no. Me encanta ver a ‘Pedri’ en la selección, por supuesto. Otro tinerfeño en la absoluta. El Canarias se sale. Lo hace desde hace años. Es lo que hace una buena gestión, también durante muchos años. El Tenerife Granadilla tutea a los grandes del fútbol femenino. Equipazo de guerreras. Tampoco es mala la labor del club sureño, precisamente. El CD Tenerife prepara su centenario. Motivos de sobra para recordar los momentos dorados, así como los menos brillantes. Aunque, desde mi punto de vista, vale la pena contar cada minuto de historia blanquiazul. Y más, mucho más. La gimnasia rítmica tinerfeña sigue sumando éxitos. El Clarinos se mete en ‘play off’ por el título tras otra gran temporada. ¿Seguimos? Halterofilia, balonmano… no terminaría este artículo. Pero, me preocupan quienes no han podido siquiera reanudar los entrenamientos. Sí, hablo de la lucha. De nuestra lucha. El más noble de los deportes. Deporte que es cultura, que es historia y tradición. Y que vive su peor época.

Los más pequeños pueden hacer deporte en los terreros, pero la práctica pura de la lucha canaria es otra cosa. Las medidas de prevención no permiten las agarradas. Apaga y vámonos entonces. Otras disciplinas de combate han podido ir retomando su actividad. Pero la lucha exige un protocolo sobre el que no termina de haber acuerdo. Y el resultado es el que esperábamos: una crisis histórica. En líneas generales se suele llegar a un acuerdo. Incluso algunas medidas son desestimadas horas después de ser aplicadas dada la presión de los colectivos afectados. Rectificar es de sabios, dicen. Los usuarios de las piscinas cubiertas esperan una de estas demostraciones de sabiduría, de conciencia social.

En cuanto a la lucha canaria, seguimos a la espera de la creación y puesta en práctica de un protocolo que garantice la seguridad de todos y cada uno de los deportistas. Las federaciones y los clubes presionan para ello. Ha pasado más de un año y, además de las medidas sanitarias hay que paliar el terrible daño económico que la pandemia ha causado a toda la sociedad. Deporte incluido. Lucha canaria incluida. Será fundamental la puesta en marcha de un plan de rescate económico.

Preocupado, que no indignado, estoy, ya que salvar vidas es lo principal, por supuesto. Pero, si hemos logrado reactivar la mayoría de las actividades, debemos encontrar una vía de salvación para la lucha. No será fácil. Nada lo es, ni dedicarse a esta profesión ni mantener un club en condiciones de competir. Lo saben muy bien los dirigentes de cualquier entidad. Casi estoy rogando una solución. Me entristece ver el estado de nuestro deporte, el vernáculo, en concreto.

¿Un par de meses más, quizá? Quien dice dos, dice cuatro. El daño ya está hecho y se espera que un 70 por ciento de la población esté vacunada para entonces. De esto sí que no sé nada. Solo repito lo que dicen los expertos, lo que publican los compañeros de prensa. Pandemia, brotes nuevos, cuarta ola, Semana Santa, mascarilla en la playa, control de aforo, ERTE, ERE, destrucción laboral. La realidad supera a la pesadilla. No merecemos esto. Nadie lo merece. 2020 fue un desastre. Esperemos que haya algo de luz en lo que queda de este 2021 que, por cierto, es año olímpico. Casi se me pasa.

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