Pedro Marrero | @marrero_pedro

No faltan motivos para celebrar. Poner comunicados sobre los logros de los deportistas tinerfeños está genial. Tendría que hacerlo a diario para poder alcanzar todos los resultados positivos que los compañeros de los medios informativos nos hacen llegar. Además, los ayuntamientos homenajean a sus deportistas, que son nuestros también. Lo tendremos complicado, como siempre, en esta asociación cuando nos toque proponer candidatos a mejores deportistas y equipo del año. Pero esta es la menor de nuestras preocupaciones. Más bien de la mía, ya que firmo este modesto artículo y no puedo poner mis palabras en las bocas del más de centenar de socios que conforman la APDT.

Digo esto porque, de nuevo, el peso emocional que determinados sucesos ejercen en mis ánimos me quita las ganas de celebrar hecho alguno, pese a lo orgulloso que estoy de la frenética actividad deportiva que se desarrolla en la isla, y de cómo mis compañeros de profesión se esfuerzan en cubrirla. También he disfrutado estos días con el reportaje que la Televisión Canaria le ha realizado al mítico José Carlos Hernández Rizo, el reconocimiento del CD Tenerife a Felipe Miñambres, el aparente paso adelante en el desbloqueo de la lucha canaria, la recuperación de la tenista grancanaria Carla Suárez, que recibirá la Medalla de Oro de Canarias el 30 de mayo en el Guimerá… y con muchas cosas más que pasan en nuestro entorno, y que nos hacen ver algo de luz en esta época oscura. Pero, insisto, hay cosas que me pueden, con las que no puedo, como nos pasa a todos, entiendo.

Justo cuando me disponía a escribir este artículo, buceando en las redes para hacer acopio de los logros del deporte tinerfeño, me encuentro con el asesinato de dos periodistas españoles en Burkina Faso. No conocía a ninguno. Tampoco a alguno de los periodistas que se han dejado la vida ejerciendo una profesión a un nivel que jamás he llegado a olisquear siquiera, y que posiblemente no haré nunca. Desde hace tiempo, décadas, es habitual recibir noticias de este tipo procedentes de todos los rincones del mundo. Por esto, me van a permitir que no exprese demasiada efusividad pese a los argumentos que, por encima, cogidos con alfileres, he expuesto más arriba. También podría haberlo dejado para otro día, dirán. Cierto. Pero a veces hay que soltar lo que se tiene dentro. A veces esta profesión necesita un abrazo.

 

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