Pedro Marrero | @marrero_pedro

Y La Palma sigue sufriendo. Y lo hacemos todos nosotros. Todo un archipiélago. Todo un país. Nos gustaría que no hubiese pasado, sin duda. Cuánto daríamos por recuperar las viviendas que han desaparecido. Por paliar el dolor de los afectados. La primera y penúltima vez que escribí sobre esta catástrofe la lava solo había empezado a destruir. Ahora las propiedades desaparecidas ya superan el millar. Y no parece que esto vaya a parar. Casas, iglesias, colegios, instalaciones, fincas… y los animales. Con el alma rota veo que esto parece ir para largo. Más personas desalojadas. Más desolación.

Todo esto y más me impide escribir una línea sobre deporte, sobre nuestros atletas o nuestros clubes. Pero sí escribiré sobre nuestros periodistas, a los que sigo a diario y admiro, que son mi gente también. Nuestra gente. Ha tenido que pasar todo esto para que nuestros profesionales sean reconocidos al otro lado del mar. Los premios Ondas a Ser Canarias y la Televisión Canaria no me sorprenden en absoluto. Nuestros periodistas, premiados o no, son de primera y lo sabemos desde hace mucho tiempo. Desde hace décadas. Desde siempre.

Es positivo recibir premios, aunque sea por cubrir algo tan triste. Yo daría muchos más. No solo por la cobertura de la erupción. Lo haría por la dedicación diaria, por la ilusión que depositan nuestros profesionales cada día en una profesión destruida, devastada por dos crisis consecutivas: una de más de una década y otra que, de momento, va por el segundo año. Y aún así tenemos profesionales de Liga de Campeones. De premios Ondas, en este caso. Periodismo de altura, de supervivencia y vocación. De diez.

Trabajar en esto no es fácil. Como no lo es trabajar en nada y hacerlo bien. Menos aún cuando las condiciones son adversas: presupuestos más que ajustados que ofrecen recursos muy limitados y jornadas maratonianas son solo algunos de los factores que los periodistas tinerfeños, canarios y de cualquier parte del mundo -habrá algunas excepciones, claro- cargan a sus espaldas cada día.

Por esto y por más cosas, los merecidos premios a los compañeros de la Ser y la Autonómica son una muestra de lo que hacemos en las islas cada día, desde hace tres décadas, cuando empecé. Y desde antes, cuando empezaron los que aún me dan mil vueltas -también lo hacen los que llevan menos que yo en esto-. Y desde mucho antes, cuando empezaron aquellos que ya no están. De lo que llevamos haciendo toda la vida.

 

 

 

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